domingo, 25 de enero de 2015

Acué, solos con el viento



Era de noche aún cuando nos desviamos de la carretera principal hacia Forges d'Arbel, y estuvimos unos minutos esperando a que un tractor con quitanieves hiciera unas pasadicas en el principio de la carretera que sube hacia Espelunguere. Solo limpió unas decenas de metros y luego siguió más abajo por los accesos a los edificios, con lo que pudimos seguir con nuestro coche por la carretera nevada. En cuanto cruzamos un estrecho puente vimos que no se podía seguir y tras maniobrar y volver a pasar (ya cara hacia abajo) del puentecito, que parecía más pequeño que el coche, aparcamos, nos pusimos las botas, calzamos los esquís y comenzamos a foquear, mientras empezaba a clarear.


Foqueamos por la pista, pasamos junto a la central eléctrica, llegamos a una barrera, y un poco más adelante, tomamos una pista hacia la derecha, más estrecha, pero por la que también había huella en la nieve. Foqueamos este tramo disfrutando del silencio blanco de la selva en invierno, sobre una huella que se intuía bien aunque estaba algo tapada por la nieve de la noche anterior (no más de 5 cm).


 Al salir del bosque, el viento ya comenzó a embestir. Había dejado la pista irreconocible con las acumulaciones de nieve venteada, pero se veía muy bien el camino a seguir. Bajamos a las proximidades de las cabañas a las que llega esta pista, nos pusimos las gafas y la crema, y emprendimos la subida hacia el collado de Acué por el valle, irregularmente nevado. El relieve de la nieve estaba muy cambiado por el viento, ya que solo unas pocas veces veíamos algun trozo del rastro de huella que unos amigos nuestros habían realizado 4 días antes. Pasamos algunos barrancos y una zona de bloques que nos obligaron a trazar una culebra de dos rayas y puntos laterales sobre nieve a veces profunda, otras veces costra, más compactada por el viento...variada.


En el collado de Acué apenas paramos, solo para confirmar que seguíamos la ruta correcta, lo que nos indicaban también las huellas, más visibles en la vertiente NW de la montaña (más venteada). Siguiendo este rastro alcanzamos el lomo que sube a la cima, y aquí sí que nos las tuvimos con el viento. La cresta estaba pelada, con nieve, rocas, hierbas, algunas chapas de hielo, así que decidimos ponernos los crampones, esquís a la mochila, y recorrer andando este tramo, hasta un punto donde poder comenzar la bajada posterior.


Un poco a sotavento, dejamos los esquís y en unos pocos minutos más llegamos a la cima del Acué, cresteando al final en un ambiente muy alpino.



Después de volver de la cima y comer un poco donde habíamos dejado los esquís, cambiamos al "modo bajada" y comenzó la fiesta.



En la primera mitad de la bajada por la cara sur enlazamos muy buenas palas de nieve polvo bastante profunda, evitando las lomas y buscando las vaguadas. Hacia la mitad encontramos un barranco rocoso y empinado que había que esquivar por la derecha o por la izquierda. Elegimos la derecha, y más tarde nos dimos cuenta que habría sido mejor por la izquierda. Sin embargo era tarde para rectificar y tuvimos que realizar un flanqueo delicado en una zona bastante inclinada y con muchas rocas. Salimos bien del paso y una vez tomamos las laderas francas y también muy cargadas de nieve disfrutamos de los giros mientras volvíamos, forzando la media ladera hacia la izquierda (este), para alcanzar el llano lo más cerca posible del paso de Escale.


Tuvimos que remar un ratillo, y luego negociar con bastante tiento la bajada del paso y todo el recorrido del bosque, siguiendo huellas previas (de subida y de bajada). No se podía esquiar: demasiada piedra y la nieve muy blanda. Al final, una vez llegamos a la pista, nos dejamos deslizar con gusto, hasta el coche, que seguía a 2 grados bajo cero a la una y media del mediodía.

Una gran excursión de esquí de travesía, todo el día solos, y lo que es más bonito, compartiendo el descubrimiento de esta montaña a la que nunca habíamos subido, ni David ni yo. Y eso, en esta zona, se nos empieza a poner difícil. La jarra de cerveza en Villanúa, como siempre, muy hidratante.

lunes, 12 de enero de 2015

Collarada tour

 Esta pasado sábado, 10 de enero, otra vez con David, nos vamos a dar una vuelta por Collarada. Una bonita vuelta. Salimos de Canfranc Pueblo a las 7:10 de la mañana...bueno, aún de noche, y vamos remontando el camino que ya conocemos hacia el Ibón de Ip. Amanece en los últimos pinos, y una vez más, como siempre que venimos aquí, se nos hace larguísimo el tramo de media ladera semillana que va desde el final del bosque hasta las cercanías de la presa de Ip.
Desde allí vemos el panorama: el corredor, anchísimo, que vamos a subir, tiene muy poca nieve en la mitad inferior. Por arriba la cosa no parece que esté tan mal.
 
Aprovechamos una lengua de nieve para ir ya con los crampones puestos, después de esta primera parada.
Tras la larga y mantenida cuesta, llegamos al final donde un pasillo lateral, que no se ve desde abajo, nos lleva a una estrecha brecha.
 
Subimos a la brecha por el lado norte...
 
  Y bajamos por el lado sur.

Una vez descendida la canalilla, ya estamos al sol de la cara sur de Collarada.
Nos ponemos a subir la cuesta, que se nos hace dura, porque ya llevamos un buen desnivel acumulado, pero poco a poco y con algunos resoplidos al final, llegamos a la cima de Collarada.
 
 Luces de montaña


 Últimas fuerzas, para recorrer el corredor de la ruta nomal a Collarada.


 LLegando a la cima


 ¡qué arte tenemos para posar!


Se ve muy poca nieve en el entorno de esta montaña.

Después, bajaríamos por la ruta normal de la cara sur, por enormes campas de nieve primero y enseguida de hierba, hasta la Trapa. Desde allí, tomamos el descenso por el barranco de los Azus y en una curva que gira hacia la izquierda, junto a una tablilla de "Reserva de Caza", tomamos un caminillo que en constantes zetas baja hasta el camino de Santiago, cerca del puente románico de Canfranc. Desde allí, un paseito de un cuarto de hora, nos dejó en el coche hacia las 16:45. Una buena calcetinada para empezar el año; y sin secuelas físicas...esto empieza bien!













domingo, 11 de enero de 2015

Verano Inquieto III: Tresmiles en el Valle de Espingo: Portillón, Seil dera Baque, Grand Quayrat, Belloch

Para empezar bien el 2015, me pongo al día del 2014, colgando lo que tenía pendiente: Los 4 intensos días que pasé con David en el Refugio de Espingo, trepando a algunas cimas de la zona.

Lunes, 21 de julio.
Viaje desde Jaca hasta las Granjas de Astau, cruzando el túnel de Bielsa. Se empieza a andar bastante abajo (unos 1.100 m de altitud) y se va subiendo por buenos caminos entre bosques y lagos como el de Oo, que parece un gran crater inundado, rodeado de riscos selváticos y con su cascada espectacular...grandioso. Teníamos que llegar al refugio antes de las 19:00, que es cuando dan las cenas en el refugio de Espingo, y aunque llegamos unos pocos minutos más tarde, nos dieron de comer caliente...¡uff!

 Lac d'Oo

 LLegando al refugio...corre, corre, que nos quitan la sopa de la mesa!

El Grand Quayrat se asoma entre las nubes a contemplar el atardecer, que aquí a 1.900 m ya ha ocurrido hace más de una hora. Hechas las presentaciones (aquí el Quayrat, aquí un amigo), nos vamos a dormir. En los próximos días tendremos que vérnoslas cuerpo a cuerpo con estos colosos.

Martes, 22 de julio. Crestas de Portillón - Seil dera Baque
Nos depertamos temprano pues el día iba a ser largo. A las 7:00 comenzamos a andar y en 2 horas nos plantamos en el lago del Portillón. Había mucho hielo aún flotando en el lago y se veían muy extensos los neveros, que este año parecían glaciares. Delante teníamos un importante murallón que partía del collado del Portillón y se coronaba con las cimas del Pico del Portillón, y las tres cumbres de Seil dera Baque: nuestra ruta.
 

Tras cruzar algunos neveros duros y pedreras inestables alcanzamos, casi dos horas más tarde, cerca del collado del Portillón, el inicio de una "chimenea" bastante nauseabunda. Antes de superarla, nos encordamos en un lugar incómodo donde a cada movimiento de desmoronaban terrones de roca embarrada. Sin posibilidades de asegurar mucho, superé la chimenea, fácil pero de roca mala (malísima). Iba a ser el peor trago del día. Después, en ensamble por rampas fáciles, llegamos (un servidor, ya exahusto) al Pico del Portillón.

Delante teníamos la cresta hacia Seil dera Baque. Una cresta muy aérea y elegante, expuesta, fácil, pero con grandes bloques (casi gendarmes), que había que rodear con tiento de elegir el lado correcto. Una progresión que hicimos encordados, en ensamble corto, pero poniendo seguros. Se nos hizo bastante largo este tramo de cresta, pero al menos yo, disfruté bastante en él. LLegamos a un resalte que teníamos que descender. Había un rápel pero no nos gusto mucho y decidimos destrepar por el sur para volver a la cresta por una vira inclinada (mejor opción). Desde la brecha, atravesamos una sección horizontal y bastante fácil de placas inclinadas para llegar a la base del resalte más vertical, donde hicimos un largo de cuerda por un corto diedro en el que había un fisurero empotrado. La salida era un poco desplomada (un paso fuertecillo hasta alcanzar una gran laja con la mano izquierda, ver vídeo), por lo que nos pareció bastante más difícil que el grado de dificultad de III+ que marcan las reseñas. Después de esto ya solo quedaban unos pocos metros de cresta afilada y luego bajar entre bloques a un collado.

 

 



Allí comimos y después a seguir pateando. Aquí fue donde se me fueron acabando las fuerzas y fui sufriendo en cada subida, pero poco a poco fuimos avanzando en la cresta. La parte final hasta la cima occidental la hicimos encordados de nuevo, porque aunque es fácil, es un tramo muy expuesto en el que un fallo es El Último fallo. Y con la paliza en el cuerpo, siempre es más difícil concentrarse en cada movimiento. Así que sacamos la cuerda, aseguramos, y ello nos retrasó un poco más. Pero poco después, al fin estabamos en el nevero de la cara Norte del Seil dera Baque, bajando hacia el refugio del Portillón.
 
La bajada se nos hizo muy larga. Sobre todo hasta el refugio de Espingo, al que había que llegar antes de las 19:00 para la cena. ¡Qué estrés! Otro día que llegamos un cuarto de hora más tarde y otro día que nos perdonaron. Y otro día que hubo para cenar pasta, carne guisada y queso con un pan oscuro y duro de masticar.

Miércoles, 23 de julio. Grand Quayrat
Después del palizón del día anterior, decidimos hacer una actividad más corta, para poder descansar por la tarde.
El Grand Quayrat está justo encima del refugio de Espingo y su subida no da respiro: todo tieso para arriba. La ventaja es que en pocas horas te ventilas los aprximadamente 1.100 metros de desnivel. Es un camino para montañeros, empinado y con abundantes pasos en los que hay que trepar, siempre atento, y con algunos pasos horizontales de senderitos estrechos muy expuestos, de los que definen "una situación de vértigo".  Subimos a buen ritmo hasta el collado en el que se toma la cresta. Tras patear la cresta, en la parte final tuvimos que acertar con los hitos que marcan un rodeo de los bloques cimeros por la izquierda (no muy evidente). Siguiendo estos hitos alcanzamos por la trepada más sencilla la cima con sus inmensos bloques.

 Selfi en la cima del Grand Quayrat. Al fondo, de ve todo el cresterío que habíamos recorrido el día anterior.

La bajada era para mí una gran incógnita: Después de las 12 horas de paliza del día anterior ¿responderían las rodillas? La gran noticia fue que sí. A pesar del desnivel y de la "fuerte pendiente mantenida" (así definen los traumatólogos lo que NO hay que bajar si tienes condromalacia de segundo grado en la rodilla), llegué al refugio sin dolores. Bebimos cerveza y descansamos toda la tarde. Lavé ropa y hasta hubo tiempo para secarla al sol de la terraza del refugio de Espingo.
 
 Bajando del Grand Quayrat hacia el refugio de Espingo.

Preguntamos la predicción meteorológica y nos dijeron que para el próximo día habría sol por la mañana y lluvia por la tarde. Con ese pronóstico, decidimos que el día siguiente haríamos algo corto para recoger todo al mediodía y bajar al coche. El Diedro de Spijeoles o la cresta SE del Lezat no entraban en la categoría de "algo corto", y los dejamos para otra ocasión. Así que acordamos que iríamos al Belloch.

 El elegante diedro de la cara NE del Spijeoles, desde la ruta normal del Grand Quayrat. Ya llegará el momento.

Jueves, 24 de julio. La cara oscura del Belloch.
Nos las prometíamos muy felices. Después de los éxitos de los dos primeros días, la ascensión aparentemente más sencilla iba a ser pan comido. Más o menos a la misma hora que los días anteriores, tomamos el sendero empedrado hacia el Refugio del Portillón, y tras pasar el bellísimo lago de Saussat, tomamos a la derecha las empinadas laderas herbosas, dejamos a la izquierda la "Pointe Belloch", pasamos junto a un bello laguito y fuimos rodeando la montaña en media ladera ascendente, hasta que tuvimos ante nosotros la vertiente norte de este pico.
 
 Progresando por senderos poco transitados, entre las macollas de  Festuca eskia.



Para llegar a la brecha hubo que ponerse los crampones y superar un empinado nevero (al final 45-50º), quitarse los crampones malamente entre rocas podridas y llegar andando por terreno "delicado". 

 
Nieve dura y fuerte pendiente. A la izquierda, la cara oscura del Belloch, por donde se suponía que teníamos que subir.

Una vez en la brecha, para arriba por la cresta solo se veían paredones oscuros, en sombra, de rocas negras de apariencia difícil. Habíamos leído en alguna reseña que había que bajar un poco hacia el sur de la brecha para tomar una vira ascendente. Así lo hicimos. Bajamos un poco por una canal descompuesta y vimos una vira, o algo así. Empezamos a trepar y los pasos iban aumentando en exposición, no llevábamos cuerda para segurar, la roca era muy poco confiable, no veíamos hitos, y nos entraron las dudas...

Hay un momento en el que lo ves. Tu cerebro hace un análisis multifactorial donde mezcla toda la información disponible: las sensaciones del momento, situaciones vividas anteriormente, riesgos objetivos, probabilidad de apoyarte en roca no firme, y cienmil cosas más que no puedes razonar conscientemente. Y entonces sientes el miedo. Es el momento de darte la vuelta, si no te gusta jugar a la ruleta rusa. A mí no me gusta.Y nunca hay que olvidar que una retirada a tiempo es una gran victoria.

Desde la mitad de la vira volvimos por donde habíamos venido. Nos habíamos quedado a unos 50 metros de la cima, pero estábamos satisfechos de vivir para contar este fracaso. De vivir para comer juntos el salchichón, las galletas, los frutos secos, y beber de la cantimplora. Vivir para bajar junto al lago formado sobre el helero azulado, para entrar en la niebla, para celebrar con una cerveza nuestra victoria. Vivir para hacer de nuevo la mochila, pagar la cuenta del refugio, descender a duras penas (tuve que poner la reductora para bajar con el mochilón y salvaguardar sana la rodilla) y llegar a las granjas de Astau empapándonos en la tormenta de verano, que como nos había dicho el guarda del refugio, se presentó puntualmente al comenzar la tarde. Vivir para seguir subiendo montañas como el Belloch. Y vivir para contarlo.


 Hay que vivir para contemplar bellezas como ésta


Ya van llegando las nubes que tendrán que representar la función de truenos y rayos por la tarde, así que nosotros nos despedimos de las alturas.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Verano inquieto II: "love climbing" en los Pirineos

Este verano, contra todo pronóstico, está siendo de bastante escalar. Todavía no he recuperado la confianza y forma de antes de la operación, pero ya he podido rodar en vías de varios largos sin acordarme que hace un año me planteaba si dejaría de escalar para siempre.
Con David, nos estamos aficionando a las vías de escalada  de quinto grado y equipadas. Últimamente se están abriendo bastantes de estas en el Piri y en el Prepirineo. El grupo de escaladores "Sendero Límite", principalmente, son los que más vías de este estilo están abriendo. Son escaladas que disfrutamos un montón los que no tenemos mucho nivel aunque llevemos ya bastantes años escalando.

Como son vías muy seguras, en las que es sencillo maniobrar, con reuniones rapelables y los seguros muy cerca, se pueden hacer sin apuros por gente que está empezando. Vamos, vías a las que se puede llevar a las "novietas": Love Climbing. Y no entro a valorar si es buena o mala idea lo de ir a escalar con la novia (no digo con la mujer, porque entonces ya me da la risa). Lo que sí que puedo asegurar es que sirven para que los que somos padres y nos va saliendo calva, disfrutemos de nuestras escapadillas como niños. Así que, aunque a veces se pasen con los seguros (ojo, se te pueden acabar los expreses del arnés), desde aquí un agradecimiento a la gente que equipa estas vías bonitas y disfrutonas, especialmente a los de Sendero Límite.

El 15 de junio escalamos "Los Terceros También Existen", en Peña Ruaba. Queríamos hacer la vía Valle de Canfranc en la cara sur del Tobazo, pero cuando llegamos a Rioseta el tiempo no era bueno, el viento norte metía nubes frías en las cumbres cercanas y tenía pinta de que habría niebla y lluvia. Así que, como suele ser habitual, viramos al sur. Paramos en mi casa para sacar la reseña de una vía que nos apetece, en Peña Ruaba: El Espolón del Gállego. Según íbamos bajando por la carretera del embalse de la Peña, se nos antojó que la vía era demasiado larga, y yo tenía algún compromiso por la tarde. Para mí era la primera escalada en 6 meses y no venía muy entrenado, así que me pareció perfecto ir a la vía más fácil de Peña Ruaba: Los Terceros También Existen. Una vía que solo tiene un largo un poco más tieso, el tercero, de V grado. Nosotros lo hicimos como segundo largo, ya que empalmamos los dos primeros. También empalmamos largos hacia arriba; íbamos con dos cuerdas de 60 m. Al acabar la vía, un pequeño destrepe hacia la cima de Peña Ruaba nos deja en un collado y desde allí seguimos subiendo, en ensamble por unas rampas que están aseguradas. Una vez arriba, solo quedaba bajar hacia el este para empalmar con la vía ferrata, ya de bajada hacia el sur. No pasamos nada de calor, más bien, al principio y a la sombra, casi frío. Así que nos libramos de un importante marrón en el Tobazo, pero también seguramente de un frío y un viento bastante molestos en el Espolón de Gállego. Al fin y al cabo, una bonita mañana trasteando con los "titos" de escalar.




El 28 de junio me tentó mi hermano Pablo, a través del wasap, para unirme a él y a Raúl al día siguiente. La tentación era grande, y decidí caer en ella dulcemente. Así que el domingo 29 de junio por la mañana, bien temprano, me presenté en un aparcamiento de Formigal donde habían dormido con la furgoneta. Sin perder tiempo, y con más frío de lo que habríamos imaginado, nos fuimos hasta el inicio de la pista, nos pusimos los arneses y recorrimos la fácil aproximación a la vía Valle de Tena en la cara sur de Peña Foratata. Era un día frío, incluso muy frío, con "raca" en la cara norte del Pirineo; nos encontrábamos, por ser la pared de orientación sur, al sol, justo al resguardo de las nubes y la llovizna venteada que convertían en un infierno la zona del Midi y Portalet. Con esas condiciones de tiempo dudoso, solo estabamos nosotros en la vía.

Empalmamos largos en la primera parte (L1+L2 y L3+L4) y al final (L8+L9). Salían así 6 tiradas, y como eramos tres nos repartimos a 2 tiradas por persona. Empezó Raúl por las rampas de buena caliza, algo tumbadas, de la parte baja. Alguna salida más tiesa, alguna placa de adherencia, y una sección de canalizos le daban algún picante a estos largos, que en general son fáciles, y como casi toda la vía, muy bien protegidos. Seguí yo por los dos largos siguientes, un poco más verticales, anteriores a la fisura/off-width que marca el punto álgido de esta vía. Me gustó la escalada en esta sección, con diedros bonitos y buen canto, pero me costó algo vaciar la mente lo suficiente para darme algún paseo entre chapa y chapa (8m? 10m?). (Recomiendo a todo el que vaya que se lleve un par o tres de friends, yo los eché en falta). Después, a Pablo le tocó el largo clave. Ya desde la reunión impresionaba bastante este largo, realmente difícil, y Pablo se lanzó dispuesto a pelearlo. Lo peleó duramente, como un gusano titánico, empotrando medio cuerpo entre las paredes cuando la chimenea se convirtió en fisura, y la inclinación vertical del incio fue haciéndose desplome poco a poco. Al final llegó a los cantos de la parte final, gracias a los cuales pudo ya sacar los pies y subir en técnica de diedro hasta la reunión. Un señor largo de 6b que se curró el hermanito, resoplando y arrastrándose, pero sin cometer la deshonra de agarrarse a los expreses. Por detrás, Raúl y yo no tuvimos remilgos en deshonrarnos en el punto clave (cuando la fisura/chimenea es muy muy estrecha, tienes que salir, ya no hay ningún cantito para los pies, y aún no has llegado a los cantitos para las manos) y nos agarramos al express. De allí para arriba ya fue más sencillo, con una bonita chimenea al final, también algo estrecha, pero mucho más asequible (a mí en general me gustan las chimeneas).

Mientras recogíamos las cuerdas, nos llegaban chispitas de lluvia traídas desde Francia por el viento norte. Bajamos con mucho cuidado por la faja Fermín y al final destrepamos un escalón de la pared de unos 20 m (destrepe de II). Una vez en la hierba, volvimos felices hasta el coche.  Tres padres de familia satisfechos de su escapadita una mañana de domingo.

Raúl empieza empalmando los dos primeros largos.


Raúl aprieta un poco en la salida del L3


Raúl en uno de los diedros de los largos intermedios

Largo clave. Pablo nos espera triunfante en la reu.

Bajando con cuidadín por la faja Fermín


Algunos de los habitantes permanentes de la vía:

Antirrhinum molle

Tomillo

Carex halleriana

Lonicera pyrenaica

El viernes 25 de julio, después de pasar tres días en el valle de Espingo, David y yo nos trasladamos a Montfalcó, al refugio Casa Battlle. Al día siguiente, nos bajamos temporanito al incio de la cresta Urquiza - Olmo. Nos confundimos al tomar el camino de bajada desde la ermita de Santa Quiteria (hay que llegar a la misma ermita y empezar a bajar por el filo de la cresta, siguiendo unas marcas azules perfectas). Nosotros empezamos a bajar por el bosque sin haber subido a la ermita, y nos comimos un buen marrón de "jabalinear". Tras un mal comienzo, conseguimos empalmar con el camnino bueno y terminar llegando a la base de la cresta. El primer largo casi nos asustó un poco, pero como había que meterse...me metí y lo saqué bastante bien.
Después de este largo, de V+/6a, de 40 m, el resto de la cresta es otra cosa, mucho más relajado.
Disfrutamos de los siguientes largos, prontito en la mañana, pero ya a las 9 y media empezaron a cantar las chicharras...hacia las 11 llegamos, tras el segundo rápel, a la reunión en la que se toma el L7, que tiene pinta de ser uno de los más bonitos. El calor era ya brutal, y justo allí, en la brecha, se podía salir fácilmente al camino, así que no nos lo pensamos demasiado y nos escapamos del crematorio. Nos quedó pendiente la segunda parte de la vía, que se puede hacer también aproximando cómodamente hasta esa reunión. La subida, por el empinado sendero, con un calor de mediados de verano en Monrebei. Cantaban las chicharras, nos agarrábamos a las raíces de los durillos y algún madroño. Olía a romero y a sabina, potenciadas sus esencias por el calor que nos hacía sudar y mezclar aromas propios y ajenos. La tierra cubierta de hojarasca resbalaba en las partes más empinadas. Una subida selvática, hasta llegar por fin al albergue de Montfalcó (casa Batlle), donde las cervezas estaban bien frías...¡y qué bien nos dieron de comer!!
Disfrutando de los parabolts y de las vistas, a primera hora de la mañana

El 9 de agosto madrugamos en Jaca y nos fuimos a por el segundo intento de la cara sur del Tobazo por la vía Valle de Canfranc. La tarde anterior había caído una tormenta de espanto en la cabecera del valle del Aragón, justo allí, que me pilló en lo más fuerte bajando en coche por Canfranc Estación. La cortina de agua y granizo era tal que no se veían ni las luces traseras de loos coches de delante. COn semejantew ionfierno de agua tuve que parar, como los demás vehículos; a mí me tocó la parada justo junto al poste del punto kilométrico 666.
En fin, que a la mañana del sábado nos plantamos en Rioseta, con una previsión meteorológica favorable, y nos fuimos para arriba. En la pared había muchos rezumaderos de agua. Mientras nos aproximábamos, dudamos cuál era la canal que nos tocaba...por ver si la tendríamos seca. Cuando por fin ya vimos el inicio de vía, comprobamos que había bastantes chorreras por donde teníamos que subir, sobre todo en los primeros largos. Estuvimos a punto de retirarnos por segunda vez, pero al final pudieron las ganas (al fin y al cabo, si lo veíamos muy feo, siempre podríamos rapelar...). Fue un acierto. Sí que me tocó en un largo hacer un paso "across de river", ya que una franja de agua de un metro y medio de ancho corría por la placa de adherencia mojando los parabolts...así le dimos un poco de picante al "love climbing" (wet love climbing...). Luego, del 4º largo para arriba encontramos toda la vía seca. Una vía superbonita, larga (15 largos), con variedad de tipos de largos (bavaresas, diedros, adherencias) con dificultades hasta máximo un paso de 6a (es lo que para mí se podría considerar el primer V+ que marcan las reseñas). Mucho ambiente en la parte final, donde ya coge buen patio, y un disfrute total, ya que de parabolt en parabolt no hay pérdida. Seguo que se convertirá en una gran clásica. En esta me dejé la máquina de fotos en el coche.

Para cerrar este gran verano de escaladas largas y disfrutonas, el 6 de septiembre nos fuimos a pasar la mañana a Peña Ruaba, en la vía Espolón del Gállego. Otra gran gozada, que escalamos solos, con buena roca, buen equipamiento, buenas vistas, y una brisita que no molestaba pero servía para que no agobiase el calor. Claro, así hasta me salió el paso de 6a+ en libre. LLegamos hasta la cima de La Ralla (los primeros 250m) y ya decidimos bajarnos, para bajar a comer a Murillo. Hicimos los rápeles que cruzan la vía Tierra de Dragones (qué buena pinta también ésta), empalmando los dos primeros y los dos últimos con las dos cuerdas de 60m. LLegamos al coche cuando el calor empezaba a apretar, justo a tiempo para catar buena jarra de cerveza y bocata en el bar de Murillo.
Y colorín colorado, este gran verano de "love climbing", se ha acabado.
 Primeros largos, asegurndo a la sombra del madroño.

 Bonito largo, con el murito que le da la máxima dificultad a la vía.

Vista desde el suelo, una cordada que venía por detrás de nosotros, montando la última reunión. Mucho ambiente (y buen canto) en la última panza del último largo, dominando el espolón.




domingo, 31 de agosto de 2014

Verano inquieto I: viaje a Tesalónica

Llevo varios meses sin actualizar el blog, pero no por falta de ganas o de haber hecho actividades interesantes. Más bien al revés: casi no he parado desde finales de mayo, con unos meses de junio, julio y agosto de intensísimo trabajo de campo. Entre medias, además, he podido sacar algún tiempo para hacer vacaciones y otras cosillas. No quiero dejar la costumbre de ir publicando más o menos regularmente en este blog las cosas que me parecen majas, y que tal vez puedan interesar a alguien. Por eso, ahora que tengo tiempo, voy a recopilar varias de las actividades de las que he disfrutado este verano:

25 a 28 de mayo: Viaje a Tesalónica (Grecia)
Varias escaladas:  "love climbing" en los Pirineos
Espingo: el reino pirenaico de los tresmiles
Valle de Baztán: vacaciones con raíces



25 a 28 de Mayo: Viaje a Tesalónica

Fui invitado por la Comisión Europea a un seminario de expertos en conservación de Hábitats de Interés Comunitario. Poco pudimos hacer fuera del hotel, y dentro solamente trabajo. Sin embargo, pude visitar un gran delta en una excursión guiada por los organizadores: el Parque Nacional Estuario de los ríos Axios-Loudias-Aliakmonas. En realidad es un gran sistema de estuarios, donde se juntan las desembocaduras de cuatro ríos (uno de ellos, no recuerdo cuál, es el segundo río más largo de los Balcanes). Además de los estuarios hay lagunas y pantanos costeros, en una gran llanura de aproximadamente 320 kilómetros cuadrados, que también está plagada de arrozales. Tiene una gran importancia ecológica, pero está cerca de esta gran ciudad, y los griegos no la respetan. A pesar de ser Parque Nacional desde hace décadas y estar absolutamente prohibido, algunas de las lagunas se han llenado de escombros ilegales provenientes de la construcción, producidos por la increíble expansión urbanística de las últimas décadas. Las autoridades no han actuado ¿A alquien le suena esto?



 Atardecer en el golfo de Tesalónica, nada más llegar al hotel. Tesalónica es la segunda mayor ciudad de Grecia. Tiene un importante puerto, y una configuración parecida a la de Barcelona, con la parte vieja y otros lugares neurálgicos de la urbe cerca de la costa. Mi impresión de la ciudad (además de lo que nos contaron sobre el Parque Nacional y su gestión los colegas biólogos griegos que trabajan allí), es que están bastante atrasados respecto al resto de Europa. Incluso respecto a España. Al igual que me ocurrió al visitar Sicilia hace dos años, ví unas calles sucias, unas casas poco cuidadas, muchos coches viejos y bastante caos en el tráfico. La gente, sin embargo, parece vivir alegre, paseando junto al mar, comiendo en infinidad de puestos callejeros y llenando los bares y las terrazas. Un día de labor cualquiera (era martes), a la una de la noche, el paseo que une el barrio del viejo puerto con la zona de nuestro hotel estaba plagada de gente joven, incluso muy muy joven. Muchos de ellos, al día siguiente, tendrían que ir al instituto. Como comentabamos con los colegas españoles: seguramente a primera hora tendrían religión.


Una de las cosas que más me impactó, desde el paseo marítimo de Tesalónica, fue ver al otro lado del golfo, a lo lejos, una montaña que aún tenía nieve. En la foto se puede entrever un poco, difuminada entre la calima. Seguramente no ha habido en la historia una montaña más mítica: es el Monte Olimpo, 2.917 metros de desnivel que se alzan desde el mar, imponentes. Desde las suaves costas y campos de cultivo de la región de Macedonia, de clima mediterráneo, cálido, de inviernos suaves, (tierras de arrozales, viñedos, olivares), hasta la alta montaña, de rocas y nieves, tormentas, heladas, vientos intempestivos, y condiciones extremas, defendida además por un brutal desnivel de casi 3.000 metros. Desde el mundo de los humanos, hasta el mundo de los dioses.